¿Pueden redifundirse las fotos de tus redes sociales? (completo)

Artículo original, que fue 'editado' para su publicación en retina.elpais.com
(con modificaciones y supresiones en rojo)


El derecho al honor, la intimidad y la propia imagen en las redes sociales.

El Tribunal Supremo acaba de publicar una sentencia, que es muy interesante, porque hay poca jurisprudencia todavía sobre el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen en el entorno de las redes sociales.

Antes de nada hay que aclarar que no es, como se ha dicho, una sentencia sobre los ‘memes’, aunque éstos también incluyan textos jocosos y fotografías, por lo que podría serle aplicable. Pero lo importante no es el formato, sino el contenido.

Es sobre un caso en el que a través de Twitter se hacen comentarios sarcásticos acerca de una persona (derecho al honor), se dan datos sobre su salud (derecho a la intimidad) y se re-difunden fotografías suyas (derecho a la propia imagen).


Los hechos

Un empleado público de una empresa municipal de Madrid se dio de baja por enfermedad, y la que fue su jefa publicó meses después (cuando ya había dejado de serlo) una serie de tuits críticos sobre ese empleado y su baja laboral.

También redifundió imágenes de dicho empleado en eventos y lugares públicos y en la cercanía de políticos, que se habían tomado y publicado ya, en diversas redes sociales, por otras personas, con el consentimiento del afectado.

Pues bien, el empleado de baja demandó a su antigua jefa por una intromisión en su honor, intimidad y propia imagen, pero ni el Juzgado de Primera Instancia ni la Audiencia Provincial, en apelación, estimaron sus pretensiones.

La Audiencia

La Audiencia consideró que la baja laboral del demandante era conocida por muchas personas, que la comentaban abiertamente en las conversaciones de internet, por lo que no existía una intromisión en la intimidad del empleado.

Por otra parte, las fotografías que la antigua jefa había redifundido habían sido captadas con la expresa anuencia del demandante y estaban publicadas en Internet por otras personas, por lo que no había intromisión contra su imagen.

Por último, las expresiones utilizadas, aunque sarcásticas, no eran injuriosas, sino veraces (constataban hechos ciertos), por lo que no había una intromisión ilegítima en su honor y se encontraban amparadas por la libertad de expresión.

El honor

La sentencia del Tribunal Supremo confirma la legitimidad de la crítica sarcástica, que está amparada por la libertad de expresión cuando se refiere a unos hechos que han quedado acreditados (si fuera sobre hechos inciertos, sería otra cosa).

La sentencia habla de la ‘veracidad’ de los hechos, pero la ‘veracidad’ no es una cualidad de los hechos, sino más bien de las personas. Los hechos pueden ser ‘verdaderos’ (o no). Las personas son ‘veraces’ (o no): buscan (o no) la verdad.


Confirma que no se emplearon expresiones insultantes o vejatorias, sino que fue una crítica, utilizando un tono sarcástico sobre la conducta del empleado de baja, por lo que no se había producido una intromisión ilegítima en el derecho al honor.

La intimidad

El Tribunal Supremo quita la razón, en parte, a la Audiencia Provincial, porque, en su opinión, sí se ha producido una intromisión ilegítima a la intimidad personal del empleado cuando su exjefa reveló que se hallaba de baja por depresión.

Argumenta que la información relativa a la salud física o psíquica de una persona está dentro del ámbito propio y reservado frente a la acción y el conocimiento de los demás y constituye un elemento importante de su vida privada.

Además, dice que se considera intromisión ilegítima en la intimidad la revelación de datos privados de una persona conocidos a través de la actividad profesional u oficial de quien los revela, y en este caso quien lo hizo había sido jefa suya.

Dudas

Sin embargo, el alto tribunal admite que muchas personas ya conocían la baja laboral del empleado y hablaban de ella con naturalidad en las conversaciones de las redes sociales; por lo que no parece que fuera la exjefa quien lo revelara.

Por otra parte, la baja laboral es una situación administrativa’ que cualquiera que estuviera en la empresa podía conocer (otra cosa es la causa alegada para ella). Por lo que resulta intrascendente que los comentarios fueran de su exjefa.

Y además, admite el Tribunal Supremo que la cuestión sobre la que se emitieron los mensajes presentaba un cierto interés general, como es el absentismo laboral injustificado, máxime cuando se refiere a una empresa pública municipal.

La imagen

El Supremo confirma el criterio de la Audiencia Provincial de que no existió una intromisión ilegítima en la imagen del empleado y hace una reflexión interesante sobre la utilización por los particulares de imágenes publicadas en Internet.

Dice que el derecho fundamental a la propia imagen, al igual que ocurre con el resto de derechos fundamentales, no es un derecho absoluto o incondicionado, sino que existen circunstancias que pueden limitarlo.

Pero confirma la regla general de que corresponde a cada uno decidir si permite o no la captación y difusión de su imagen por un tercero; frente a los que piensan que, por estar en un lugar público, se pueden captar y utilizar sin autorización.

¿Cuándo se puede redifundir una imagen?

En una anterior sentencia, el TS dijo que permitir ver una fotografía en un blog o en una red social, no implicaba una autorización para hacer uso y publicarla o divulgarla de una forma distinta, pues no constituye un ‘consentimiento expreso’.

Añadió que la publicación en un periódico de una fotografía tomada de Facebook de quien no tiene la consideración de personaje público, no es una ‘consecuencia natural’ del carácter accesible de la fotografía en Internet.

Pero no dice lo mismo respecto de la utilización privada, en cuentas de Twitter (o de otras redes sociales), de las imágenes que se hallan disponibles al público en Internet, que sí puede considerarse una ‘consecuencia natural’ y uso legítimo.

¿Diferencias entre Facebook y Twitter?

Aunque algunos han interpretado que el TS hace una distinción entre Facebook y Twitter, no es así. Distingue entre ‘usos sociales’ legítimos dentro de las redes sociales y los ‘usos sociales’ ilegítimos, sacando una imagen fuera de las redes.

La utilización en las comunicaciones típicas de las redes sociales de imágenes referidas a actos públicos, previamente publicadas en la red (bien retuiteándolas, bien insertando un enlace) no sería una intromisión ilegítima en la propia imagen.

Pero cuando esté claro que las imágenes constituyen una intromisión ilegítima en la intimidad de una persona, resulta indudable que la publicación previa se ha realizado sin su consentimiento; y, por tanto, tampoco es legítima su redifusión.
Publicación íntegra de la sentencia

Una última cuestión curiosa es que el empleado pedía que se publicase, a costa de su exjefa, la sentencia íntegra (en dos periódicos de información general de la Comunidad de Madrid), para así ‘restañar’ su derecho al honor y su dignidad.

Pero el Supremo ha fallado que no procede publicar en la prensa la sentencia o partes de la misma, porque sólo se prevé en el caso de una intromisión ilegítima en el derecho al honor y desestimó que se hubiera producido dicha intromisión.

Sí ha reconocido que se ha producido una intromisión ilegítima en la intimidad y, en este caso, la publicación íntegra de la sentencia en la prensa solo agravaría las consecuencias negativas de aquélla, al dar más publicidad a su enfermedad.

Seudonimización

Tema distinto es el de la seudonimización que hace el Centro de Documentación Judicial (CENDOJ) de los nombres que aparecen en las sentencias y que, según el Reglamento General de Protección de Datos, debería impedir la identificación.

Pero son tantos los detalles que la sentencia ofrecen del caso, incluyendo textos exactos de los tuits sarcásticos, que cualquiera ha podido identificar a las partes antes de que su autora los haya borrado, como se ordena en la propia sentencia.

Sin entrar ahora en el polémico tema de que, según la Constitución (art. 120.1), “Las actuaciones judiciales serán públicas”; por lo que algunos piensan que no deberían seudonimizarse los nombres en las sentencias de nuestros Tribunales.

Don Mendo vs. Barbra Streisand

El derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen son derechos distintos, pero que están muy relacionados, pues una intromisión ilegítima en la intimidad de una persona afecta indudablemente al honor o imagen que tenemos de ella.

Pero los derechos al honor, la intimidad y la propia imagen pueden ‘ceder’ a favor de otros derechos o intereses constitucionalmente legítimos, como la libertad de expresión o el derecho de información y opinión, que incluye la crítica sarcástica.

En tal caso, no conviene más publicidad al tema (y producir un efecto Streisand), sino, como dice “La venganza de Don Mendo”: "Para lavar el baldón, la mancha que nos agravia, Conde Nuño, henos de Pravia", ¡qué jabón!


¿Pueden redifundirse las fotos de tus redes sociales?

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